Narrativa
El proyecto.
El predio, en una pendiente moderada con orientación poniente, planteó desde el inicio una pregunta de programa: ¿cómo articular tres pabellones sin que ninguno se imponga sobre los demás? La respuesta fue un patio central con espejo de agua que actúa como pieza-bisagra — todo se ve a través del agua, nada se entra sin pasar por ella.
Los materiales se eligieron por su capacidad de envejecer bien: cantera de Tezoyuca para los muros bajos, concreto aparente con cimbrado de tabla para los altos, madera de tzalam para entrepisos y carpintería. La paleta cromática es la del propio territorio — el sitio dicta el color, no el catálogo.
La iluminación trabaja a tres tiempos: luz natural rebotada por el patio (día), iluminación de acento de baja intensidad en muros (atardecer) y velas + chimeneas como puntos cálidos (noche). El resultado es una casa que cambia de carácter cada pocas horas.